miércoles, 29 de diciembre de 2010

Reflexión sobre el transporte público

A la cabeza me vienen dos elementos de la vida cotidiana, uno me gusta y el otro no. El elemento que me gusta es un día con lluvia, son días tristes pero bellos, poéticos, diferentes. El otro elemento es el transporte público, podría decirlo una y mil veces y no me cansaría... NO ME GUSTAN LOS AUTOBUSES. ¿Por qué? no soy claustrofóbico, ni me agobio si estoy rodeado de gente, tampoco soy de marearme en un vehículo, entonces repito ¿Por qué no me gustan los autobuses? pues ni idea pero es subirme en uno y me entra una incomodidad que no desaparece hasta poner el primer pie fuera. Bien ese día se unieron estos dos elementos que he nombrado antes ycambiaron sus papeles de simpatía que yo les había puesto.
Aquel día no me gustaron los días de lluvia... porque me hicieron coger un bus, y sin embargo, me gustó el bus, el por qué... ahora mismo lo cuento.

Antes de nada os pregunto, ¿qué tipo de personas sois? ¿Sois de los que van escuchando sus mp tal por la calle con los auriculares? ¿o de los que van sin auriculares pero pensando en sus cosas? ¿o por otro lado vais por la calle escuchando los sonidos que os encontráis por el camino?
La verdad es que yo era de los primeros hasta que se me rompieron los auriculares, después de eso pasé a ser de los segundos, pero aquel día en el autobus me convertí en el tercer tipo de persona.
Hay algo que siempre nos acompaña, y con el "nos" me refiero a todas las personas en general, son las historias. Siempre estamos contando historias, sean verdad, mentira o con algo de las dos, siempre deleitamos a nuestros oyentes para que luego ellos hagan los mismo con nosotroscon las historias. Donde hay personas, hay historias, ¿y cuál es uno de los sitios donde más personas te puedes encontrar un día de lluvia?
Exacto, un autobus.
Imaginaos aquel pequeño habitaculo que se movía sobre ruedas, estaba repleto de historias. Lo que me obligó a prestar atención a éstas fue de nuevo la lluvia, la temperatura interior del autobus empañaba los cristales una y otra vez y por más que quitara la humedad con el guante, esta volvía tozuda a su sitio, así que me dediqué a escuchar las conversaciones y las historias que escondían.
Me divertí bastante con la historía que estaban contando las personas que estaban delante de mí, eran una viejecita y un matrimonio de viejecitos.
Estaban recordando cuando eran jóvenes y como había pasado la vida, como estaban de grandes sus nietos... etc, toda esta conversación estuvo plagada de risas y alegría, sin melancolía ni tristeza, a pesar de ser una historia de algo que ya pasó y nunca volverá. Detrás de mi había un par de amigos (amigos entre ellos, no es que fueran amigos mios) que estaban hablando de chicas, después hablaron de fútbol y luego retomaron la conversación de chicas.
A mi lado una joven que parecía ya entrada en los veinti largos hablando por el móvil, al principio creí que hablaba con el novio, luego por un momento pensé que hablaba con la madre hasta darme cuenta de que en realidad hablaba con su hermana (aunque después de tantas dudas ya no estoy seguro).
Y ahora vamos al momento que estaba deseando de contar, la historia que más me llegó de aquel día, la que inspiró esta reflexión absurda sobre alguien que no creo poder conocer nunca. La historia me la contó ella.
¿Quién es ELLA? pues ELLA es ELLA, no tiene nombre, bueno, si lo tiene, pero no sé cual es, aunque me encantaría saberlo. ELLA estaba sentada en el asiento justo detrás de la puerta para salir del bus, a unos dos metros de mí. ELLA parecía del primer tipo de persona, estaba con sus auriculares y miraba al frente.
Todo el viaje que hicimos juntos estuvo mirando al frente. Perdidos en el mismo punto, no se por qué pero no podía parar de mirarla, sus ojos me atraían como un imán, porque aunque parezca extraño, no contó ninguna historia con su boca, ella me contó todas las historias con sus ojos. Con una mirada melancólica y triste,
apagada y sin cobertura, aislada de todo y todos, porque para ella había mucha. gente en el autobus, pero en realidad no había nadie. ¿Qué había tras su mirada?
Quizás un desengaño amoroso, quizás una perdida, quizás un problema laboral o académico, quizás se peleo con una amiga o un amigo, o con sus padres, quizás quizás... mi cabeza se llenó de quizás y de historias, ya que mirando sus ojos mi cerebro ocioso sin nada que hacer comenzó a inventarse historias sobre aquellos ojos, de por qué estaban así de tristes. Tantas historías, ¿sería alguna verdad de las que me contaba a mi mismo?
Después de media hora ella se levantó, fue una casualidad que tuviera que ponerse junto a mi para poder salir del autobus debido a toda la gente que había, nuestros brazos se tocaban y yo me moría de ganas de preguntarle su nombre, de preguntarle que le ocurría, por qué aquella mirada, ¿de verdad le ocurria algo o solo estaba concentrada escuchando la música de su mp4? Todas aquellas preguntas y a un simple movimiento para intentar que me las respondiera...
Luego pensé que pasaría si al preguntarle accediera a contarle a un extraño el motivo de su tristeza, pero... quizás aquella chica no estuviera, contando historias, a la altura de sus ojos, que tan excepcionalmente me las habían narrado durante el trayecto. Quizás sus palabras sólo estropearían las historias creadas a lo largo de
todo el camino, quizás...
La puerta del bus se abrió y ella salió bajo la lluvia y se perdió tras una rápida carrera esquivando las gotas. "Mejor así" pensé, aunque no me hubiera importado conocer el nombre de ELLA, de mi cuentacuentos del transporte público.
Aquel día la verdad le estuve agradecido al bus y al transporte público en general por enseñarme un lugar lleno de historias de todo tipo. Y agradecido por darme la oportunidad de conocerla, ya que por ELLA es que estoy escribiendo estas palabras.

PD: Cuando bajé del bus creyendo que era mi parada descubrí que me había pasado y me había perdido, al final tardé lo mismo que hubiera tardado andando sin coger bus, volví a odiar el transporte público antes de que acabara aquel día.